En medio del fuerte apoyo financiero de Estados Unidos al gobierno de Javier Milei, el fantasma de la convertibilidad volvió a sobrevolar la economía argentina. El economista Antonio Aracre afirmó en C5N que el Presidente prepara un “nuevo plan de convertibilidad”, que se anunciaría tras su inminente encuentro con Donald Trump.
Aracre sostuvo que el programa estaría respaldado por un swap de 20.000 millones de dólares proveniente de Washington, que serviría como garantía para los pagos de deuda y permitiría mantener estable el tipo de cambio. “Los argentinos estamos en condiciones de volver a soñar con esa convertibilidad que tuvimos en los 90”, afirmó.
La declaración generó un intenso debate sobre los efectos del plan original de los años ’90, implementado durante el gobierno de Carlos Menem y bajo la conducción económica de Domingo Cavallo, que fijó la paridad de un peso igual a un dólar.
Aunque la convertibilidad logró frenar la hiperinflación y brindar estabilidad, su costo fue elevado: desindustrialización, desempleo, endeudamiento y pérdida de competitividad, hasta desembocar en la crisis de 2001.
En el mismo programa, el periodista Pablo Ladaga advirtió sobre los riesgos de repetir esa experiencia. “La convertibilidad hizo mucho daño. Menem vendió todo para sostenerla”, recordó.
La polémica está abierta y el anuncio de Aracre reaviva la tensión entre el anhelo de estabilidad y el recuerdo de una de las peores crisis económicas y sociales de la Argentina.





